sábado, 10 de abril de 2010

La persecusión



Ellos [han vencido a Satanás] por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. (Apocalipsis 12:11)

Los cristianos somos extranjeros y peregrinos en el mundo, librando la guerra contra los deseos de la carne y siendo calumniados y perseguidos. Como resultado, debemos esperar que suframos en el nombre del que padeció toda clase de sufrimientos por nosotros (1 P. 2:11-25). El propósito principal del mensaje de Pedro es recordarnos la necesidad del sufrimiento. Cuando en medio del sufrimiento pecamos en pensamiento, palabra u obra al vengarnos, perdemos nuestra victoria y dañamos nuestro testimonio.

Según el versículo de hoy, se vencen los insultos, las persecuciones y las acusaciones de Satanás con la sangre del Cordero, nuestro Salvador. Ese es el poder de Dios. Usted es vencedor cuando no pierde su testimonio al vengarse en tiempos de persecución, y cuando usted no transige, aun a riesgo de morir. ¿Está dispuesto a mantenerse firme en el sufrimiento?




tomado de gracia.org

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Es maravilloso ser cristiano y estoy orgullosa de ello. Pero la parte dura de ser cristiano es cuando nos persiguen, cuando se burlan, cuando tiran templos, cuando rechazan al Salvador del mundo a quien murió por los pecados de todos, Como duele cuando se burlan de mi Cristo!!Como cuesta amar a esas personas. Tengo que tener misericordia de ellas, porque como Jesús dijo al Padre mientras era torturado a sangre fría: Padre perdónalos porque NO SABEN LO QUE HACEN.
No tienen idea de con quien se meten, y se meten con el Creador del universo. Si supieran de lo que se pierden!pobrecitos, perdidos en sus necedades e incredulidad, en su corazón duro, en tinieblas. Padre celestial apiádate de ellos y dame fuerzas para perdonarlos como lo hizo tu Hijo amado, MI CRISTO AMADO.

martes, 6 de abril de 2010

Cristo cargó con el peso de nuestros pecados: ENTENDELO


Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos. (Hechos 9:28)

Cuando el apóstol Pedro dijo que Cristo “llevó” nuestros pecados (1 P. 2:24), empleó un término que significa “llevar una carga muy pesada”. Eso es el pecado. Es tan pesado que Romanos 8:22 dice: “Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto” bajo su peso. Solo Jesucristo pudo quitarnos semejante peso.

Cuando Cristo “llevó nuestros pecados”, llevó el castigo de nuestros pecados. Él sufrió la muerte física y espiritual. Cuando Jesús clamó en la cruz “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46), el suyo fue el grito de muerte espiritual. Ese era el castigo de llevar nuestros pecados.


Tomado de Gracia.org

sábado, 3 de abril de 2010

Reflexionemos la Pascua



"3 Hablad a toda la congregación de los hijos de Israel, y decidles: El día diez de este mes tome cada cual un cordero por cada familia y por cada casa.
4 Que si en alguna no fuese tanto el número de individuos, que baste para comer el cordero, tomará de su vecino inmediato a su casa aquel número de personas que necesite para comerle.
5 El cordero ha de ser sin defecto, macho, y primal o del año; podréis, guardando el mismo rito, tomar o sustituir por él un cabrito.
6 Lo reservaréis hasta el día catorce de este mes; en el cual, por la tarde, le inmolará toda la multitud de los hijos de Israel.
7 Y tomarán de su sangre, y rociarán con ella los dos postes y el dintel de las casas en que le comerán.
8 Las carnes las comerán aquella noche asadas al fuego, y panes ázimos o sin levadura, con lechugas silvestres.
9 Nada de él comeréis crudo, ni cocido en agua, sino solamente asado al fuego; comeréis también la cabeza con sus pies e intestinos.
10 No quedará nada de él para la mañana siguiente; si sobrare alguna cosa, la quemaréis de esta manera:
11 Tendréis ceñidos vuestros lomos, y puesto el calzado en los pies, y un báculo en la mano; y comeréis aprisa, por ser la Fase, (eso es, el Paso) del Señor.
12 Porque yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré de muerte a todo primogénito en dicha tierra, sin perdonar a hombre, ni bestia; y de los dioses todos de Egipto tomaré yo venganza, Yo el Señor.
13 La sangre os servirá como señal en las casas donde estuviereis, pues yo veré la sangre y pasaré de largo, sin que os toque la plaga exterminadora, cuando yo heriré con ella la tierra de Egipto."

Exodo 12:3-13

No solo Jesús se presenta en el Nuevo testamento, también en el Antiguo testamento ya aparecían profesías sobre Él. Cristo era anunciado como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Cristo existe con el Padre desde antes de la fundación del Mundo.

Que en ésta Pascua, todos aquellos que aún no aceptaron a Cristo como su Salvador, puedan reflexionar la obra grandiosa que Él ha hecho por nosotros. Porque Él murió en lugar de nosotros para librarnos del pecado, la muerte eterna para darnos la Vida Eterna.

Por primera vez en mi vida la Pascua tiene un valor especial para mi. Gracias Padre Celestial por habernos dado a tu único Hijo en sacrificio para que nos perdone de nuestros pecados y que mediante nuestro arrepentimiento y Fé en Jesús podamos alcanzar la Eternidad a Tu lado. Es la mayor muestra de AMOR hacia nosotros.






viernes, 2 de abril de 2010

Aprender a perdonar


Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lucas 23:24)

Jesús “no amenazaba” a pesar de un increíble sufrimiento (1 P. 2:23). Lo escupieron, le tiraron de la barba, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y atravesaron con clavos su carne para asegurar su cuerpo a una cruz. En cualquier otra persona, semejante tratamiento injusto habría provocado sentimientos de venganza, pero no en Cristo. Él era el Hijo de Dios, Creador y Sustentador del universo, santo e inmaculado, con el poder de enviar a quienes lo atormentaban al fuego eterno.

Pero Jesús nunca amenazó a sus verdugos con juicio inminente; más bien los perdonó. Cristo murió por los pecadores, incluso por quienes lo perseguían. Sabía que la gloria de la salvación podía alcanzarse solamente por la senda del sufrimiento, de modo que aceptó su sufrimiento sin amargura, sin enojo y sin espíritu de venganza. Que pueda reaccionar usted de igual modo ante su propio sufrimiento.
Tomado del libro "La verdad para hoy" de John Macarthur
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